Monday, September 6, 2010

Alberto III de Francia (la persona…)


contadorparis0710Alberto Contador festejó ayer en el podio de los Campos Elíseos su tercer Tour de Francia, el que más le ha costado de ganar sin duda alguna. El madrileño ha tenido en Andy Schleck un duro hueso y roerlo le ha costado Dios y ayuda. La igualdad en la montaña y el haber estado un punto por debajo en las cronometradas ha hecho que esta tercera victoria de Alberto fuese la más trabajada, tal como él mismo reconoció tras la contrarreloj de Pauillac.

Pero gestas deportivas aparte hay que destacar que detrás de todo campeón se esconde una vertiente humana que muchas veces no es del dominio público. Y Alberto tiene tras de sí, pese a sus 27 años, una dura historia de superación dentro de una familia modesta en medios pero millonaria en cariño y unión.

La víspera del inicio del Tour en Rotterdam, la televisión holandesa emitió un reportaje sobre Alberto Contador en el que el ciclista de Pinto daba un repaso a su vida deportiva y en el que también se incidía sobre su vertiente humana. En el documental se incluyeron las imágenes de la primera etapa de la Vuelta a Asturias de 2004. A los pocos kilómetros de la salida de Infesto, Contador cayó súbitamente al suelo preso de convulsiones. El médico de la carrera, Santiago Fernández Zubizarreta, le practicó los primeros auxilios. El ciclista todavía respiraba y esos primeros cuidados fueron vitales para que llegase al Hospital de Oviedo, donde le diagnosticaron un principio de aneurisma.

Aparentemente restablecido, vuelve al domicilio familiar y apenas una semana después se siente mal de nuevo. “Era un dolor de cabeza insoportable, más fuerte que el que tuve durante varios días antes de la Vuelta a Asturias. En esa ocasión no dije nada porque para mí era vital esa carrera; luego me pasó lo que me pasó”, recuerda Alberto. Pero esta vez no espera y es ingresado de urgencia en el Ramón y Cajal y los médicos descubren que Alberto tiene un cavernoma, una lesión cerebral debida a una malformación vascular congénita.

La familia Contador (Alberto es el tercero de los hermanos), los padres Francisco y Paquita, Fran, el hermano mayor, Alicia y Raúl, el pequeño, aquejado de parálisis cerebral, pasan por momentos angustiosos. A la preocupación por el estado de Alberto se une la de que Raúl no note nada extraño. Alberto decía a la televisión holandesa que “es como un niño de un año, pero es Raúl el lazo que nos une a todos de una manera muy fuerte; es el centro de la casa”.

Operado de urgencia, cuando despierta tres horas después de la intervención y abre los ojos la primera persona a la que ve es a Paquita, su madre. Todavía somnoliento, le susurra al oído: “Querer es poder”. Manolo Saiz, el director que le pasó a profesionales en 2003, fue uno más de la familia en esos momentos dramáticos. Y Contador siempre se lo ha reconocido. “No soy quien para juzgar lo que haya podido hacer pero en lo que a mí concierne, fue un gran apoyo para mi familia en momentos difíciles”, ha repetido en más de una ocasión Alberto.

De Barcarrota a Pinto

De recuerdo de la operación le quedan setenta puntos de sutura en la cabeza. “Me sirven para recordar lo que pasé y para tener los pies en la tierra y no perder la humildad”, dice el ciclista, cuyo único lujo conocido son los coches deportivos de gama alta. De extracción humilde, sus padres son de Barcarrota, un pueblo extremeño de donde emigraron mediados los años 70 y al que cada año vuelven a pasar las vacaciones. Alberto nació en el 12 de Octubre de Madrid el 6 de diciembre de 1982 y se crió en Pinto, una ciudad dormitorio al sur de Madrid, camino de Andalucía. Siempre le fascinó la vida al aire libre y practicó el cross y el fútbol antes de decidirse por la bicicleta. Los que le conocen desde crío afirman que “es imposible enfadarse con él. Ya desde pequeño todo le divertía. Cuando le reprendían le salía una carcajada espontánea y contagiosa. Pero tenía una manía peligrosa: allí donde veía un enchufe, allí que metía los dedos”.

Un tipo sencillo

Los pájaros siempre le han atraído. Junto a su hermano mayor Fran, ahora mánager del corredor, se pasaban mañanas enteras por las afueras de Barcarrota viéndoles volar o cogiendo el tractor del abuelo. Una vida sencilla cuyos hábitos no ha roto la fama ni el dinero. Contador ha pasado por experiencias extremas que le han asentado los pies en el suelo. Y si alguna vez se le va la cabeza no tiene mejor medicina que pasarse la mano por esa cabeza cosida de lado a lado por setenta puntos de sutura. Y si eso no es suficiente, ahí está Macarena, su novia, la única que ha tenido porque empezaron la relación a los 15 años.


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